Meditaciones. Marco Aurelio. Libro II. 14.

Aunque vayas a vivir tres mil años o tres mil veces diez mil, sin embargo, recuerda que nadie deja atrás otra vida que esa que está viviendo y tampoco está viviendo otra que no sea la que deja atrás. Se iguala por tanto lo más duradero con lo más breve. En efecto, el presente es igual para todos, como también lo que muere, y lo que dejamos atrás se manifiesta efímero por igual. Porque uno no podría dejar atrás lo que ya ha transcurrido ni lo porvenir. Aquello que uno no tiene, ¿cómo alguien podría abandonarlo? Así pues, hay que acordarse siempre de estas dos cosas, primera, que desde la eternidad todas las cosas son iguales en su aspecto, se repiten circularmente y no se diferencian nada, uno verá lo mismo en cien años que en doscientos o que en un tiempo infinito; segunda, que tanto el que goza de un tiempo más largo como el que ha de morir rápidamente deja atrás lo mismo, porque sólo es el presente de lo que va a verse privado, si es eso lo único que tiene y si uno no deja atrás lo que no tiene.

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Marco Aurelio. Meditaciones. Libro II. 9.

He aquí las reflexiones que continuamente debes hacerte: ¿cuál es la naturaleza del universo y cuál es la mía? ¿Qué relación existe entre esta y aquella? ¿Qué parte del universo soy y qué es este? Convéncete de que nadie puede impedirte obrar y hablar de acuerdo con la naturaleza de la cual formas parte.

Séneca. Vita Beata III.

“No soy un sabio y, para que tu malevolencia se regocije, nunca lo seré. Por esto no exijo de mí ser igual que los mejores, sino mejor que los malos: me basta con podar todos los días algo de mis vicios y castigar mis extravíos. No he llegado a la salud, ni llegaré siquiera; compongo para mi gota más calmantes que remedios, contento si los ataques son menos frecuentes y menos dolorosos; pero comparado con vuestros pies, yo, impotente, soy un corredor”.

Séneca. De Vita Beata II.

Encontrarás la virtud en el templo, en el foro, atezada, con las manos encallecidas; … El sumo bien es inmortal, no puede desaparecer y no conoce el hastío ni el arrepentimiento; pues un alma recta no cambia nunca, ni se aborrece, ni muda nada, porque siempre ha seguido lo mejor; pero el placer, en cambio, cuanto más deleita, se extingue. Y no tiene mucho espacio, por lo cual pronto lo llena, y produce hastío, y se marchita después de los primeros transportes…; así no puede tener consistencia alguna lo que llega y pasa del modo más fugaz, para perecer en su mismo uso, pues llega al punto donde cesa, y cuando comienza ya ve su fin.

Séneca. De Vita Beata.

Comprendes, aunque no lo añadiera, que de ello nace una constante tranquilidad y libertad, una vez alejadas las cosas que nos irritan o nos aterran; pues en lugar de los placeres y de esos goces mezquinos y frágiles, dañosos aún en el mismo desorden, nos viene una gran alegría inquebrantable y constante, y al mismo tiempo la paz y la armonía del alma, y la magnanimidad con la dulzura, pues toda ferocidad procede de debilidad.