Veinte de Abril

Soy del aire

como la mañana clara

como la luz que al descender

se pierde

coma la risa y el canto

del condenado por nada.

Soy no más

que aire,

manso del agua

de la luz

del canto.

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Siete de Abril

Hoy es el día

nada ha cambiado.

El humo del alma

sube despacio,

y cuento las horas.

Nada ha cambiado,

escucho mi nombre

como algo olvidado.

Nada ha cambiado,

escucho mi nombre,

cierro la puerta.

En lo alto del árbol

el aire huele a limpio.

Limpio mis ojos,

y veo, el aire tranquilo,

mi voz cayendo

mis dedos de luz

mi canto en lo alto de las hojas

de hierba, bajo la luz,

despacio, espero,

a que caiga la noche,

y me envuelva

en su manto.

 

Veintitrés de Febrero

Salgo de aire

hacia el agua que inunda mis ojos;

y solo aspiro a decir palabras que no sepan a nada,

a que mis manos vuelen lejanas,

blancas y limpias,

a que mi voz caiga desde lo alto,

como las hojas del árbol,

y ya solo aspiro

a medir la distancia que me separa de mi mismo

a recorrerla con las manos llenas del agua mansa

y fresca, que cae desde las cataratas de las risas de los que son niños.