Veintinueve de Octubre

Entre las manos

surcos de tierra,

aire, y escombro

en la escombrera de la tarde;

pero siempre hay un aire limpio

un color nuevo,

en el atardecer desde el que baja la mirada,

desde el que me levanto.

 

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Diecienueve de Octubre

Luz, que guía,

que sigue, de luz caída,

de luz sin nombre, de mi luz sin sol,

sin luna, sin la vida que cae,

como una paloma muerta, como un sordo sonido,

como el hueco del sol,

como el pecho que al caer se convierte en llanto,

de pie, como el niño ante la madre.