Treinta de Julio

Guardo un azucarillo
en el monedero
como ella en el bolso.
No te preocupes
mi hijo
ya pagaré el alquiler.
Carita de pasaporte.
¡Cuánto me alegro de verte!
¿De verdad?
Y mi voz callando
cayendo al fondo
tranquilo del aterdecer
y un ave cruzando
por el espacio
que hay entre los demás
y yo.
Y mi voz callando
cayendo
como una gota
en el centro
donde estoy.

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