Catorce de Mayo

Nada me pertenece

solo la noche y sus eclipses

solo la muerte y sus engaños

que pone nombre a la soledad

que miente en los arrabales

del silencio de la roca y el polvo

donde nada hay

sino el cansancio.

 

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Nueve de Mayo

Presiento, el aire al nacer

el agua naciendo en los huecos del silencio,

la muerte y el renacimiento

de mí mismo,

en cada instante.

Solo la pureza es comparable

a la luz que inunda el mundo,

y los árboles, hijos de la luz,

nos ven desde todas las partes.

Séneca. Vita Beata III.

“No soy un sabio y, para que tu malevolencia se regocije, nunca lo seré. Por esto no exijo de mí ser igual que los mejores, sino mejor que los malos: me basta con podar todos los días algo de mis vicios y castigar mis extravíos. No he llegado a la salud, ni llegaré siquiera; compongo para mi gota más calmantes que remedios, contento si los ataques son menos frecuentes y menos dolorosos; pero comparado con vuestros pies, yo, impotente, soy un corredor”.

Siete de Abril

Hoy es el día

nada ha cambiado.

El humo del alma

sube despacio,

y cuento las horas.

Nada ha cambiado,

escucho mi nombre

como algo olvidado.

Nada ha cambiado,

escucho mi nombre,

cierro la puerta.

En lo alto del árbol

el aire huele a limpio.

Limpio mis ojos,

y veo, el aire tranquilo,

mi voz cayendo

mis dedos de luz

mi canto en lo alto de las hojas

de hierba, bajo la luz,

despacio, espero,

a que caiga la noche,

y me envuelva

en su manto.

 

Séneca. De Vita Beata II.

Encontrarás la virtud en el templo, en el foro, atezada, con las manos encallecidas; … El sumo bien es inmortal, no puede desaparecer y no conoce el hastío ni el arrepentimiento; pues un alma recta no cambia nunca, ni se aborrece, ni muda nada, porque siempre ha seguido lo mejor; pero el placer, en cambio, cuanto más deleita, se extingue. Y no tiene mucho espacio, por lo cual pronto lo llena, y produce hastío, y se marchita después de los primeros transportes…; así no puede tener consistencia alguna lo que llega y pasa del modo más fugaz, para perecer en su mismo uso, pues llega al punto donde cesa, y cuando comienza ya ve su fin.