Diecisiete de Julio

Nada, solo la blancura

y los ojos sobre los bancos,

y un aire que al pasar me roza.

Sonrío a quien me mira

y me dejo llevar,

por el aire.

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Cuatro de Julio

Sola hay mitades en el aire

estrellas divididas

manos como palomas, entrelazadas

ramas amigas,

hojas agitadas por el viento,

sombra de estrellas.

Y ojos, de mineral fundido

como rocas, que se clavan en el corazón.

Meditaciones. Marco Aurelio. Libro II. 14.

Aunque vayas a vivir tres mil años o tres mil veces diez mil, sin embargo, recuerda que nadie deja atrás otra vida que esa que está viviendo y tampoco está viviendo otra que no sea la que deja atrás. Se iguala por tanto lo más duradero con lo más breve. En efecto, el presente es igual para todos, como también lo que muere, y lo que dejamos atrás se manifiesta efímero por igual. Porque uno no podría dejar atrás lo que ya ha transcurrido ni lo porvenir. Aquello que uno no tiene, ¿cómo alguien podría abandonarlo? Así pues, hay que acordarse siempre de estas dos cosas, primera, que desde la eternidad todas las cosas son iguales en su aspecto, se repiten circularmente y no se diferencian nada, uno verá lo mismo en cien años que en doscientos o que en un tiempo infinito; segunda, que tanto el que goza de un tiempo más largo como el que ha de morir rápidamente deja atrás lo mismo, porque sólo es el presente de lo que va a verse privado, si es eso lo único que tiene y si uno no deja atrás lo que no tiene.